El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —¡Oh, comprendo! —exclamó riendo Lance al interpretar lo que el ranchero querÃa darle a entender—. Cualquier muchacha a quien le gusten los caballos, querrá apoderarse de Umpqua, naturalmente. Pero tendrá que llevarme a mà con él.
—¡EspÃritu de vaquero de los viejos tiempos! También yo lo he poseÃdo… ¿De dónde es usted?
Lance habló brevemente de su hogar en Oregón, de sus trabajos y sus actividades en aquellas llanuras, de sus habilidades, que enumeró modestamente; pero omitió toda referencia a su estancia en Hollywood.
—¿HabÃa oÃdo usted hablar alguna vez de estas tierras y de mi rancho?
—Solamente a Starr. Debe de ser hermoso trabajar aquÃ. Tenga la bondad de someterme a prueba, Stewart.
—Me agradará mucho hacerlo —contestó grave, aunque amablemente el ranchero—. He tenido en otra época el mejor equipo de hombres de toda la frontera. Pero los tiempos han cambiado. Starr me dice en su carta que respecto al sueldo no habrá dificultades.
—Estaré contento con obtener alojamiento y comida.
—¿Es usted rico?
—¡Qué va! Llevo una modesta cantidad de dólares en el bolsillo. Y tengo a Umpqua SÃ, deberÃa haber dicho que soy rico.