El Rancho Majestad
El Rancho Majestad —Ciertamente, señor —contestó Lance dubitativamente. Era la primera orden que recibía de su jefe. Por otra harte, le había intrigado la voz que acababa de oír. Al aproximarse a la esquina del almacén oyó el sonoro ruido de unos pasos. Luego, una visión relampagueó ante su vista y fue a parar directamente a sus brazos.
—¡Oh! —exclamó la mujer, que se tambaleó y habría caído al suelo si el joven no la hubiese sujetado.
Lance se quedó pasmado. Aquella muchacha… con la cabeza descubierta…, el rubio cabello suelto…, de encendido y hermoso rostro extrañamente familiar…, de grandes ojos violeta…
—¿Cómo es posible? ¡Usted! ¡Milagroso! ¿No es mi héroe?
Lance la reconoció también. Era la muchacha de la aventura en los terrenos de la Universidad y de la loca carrera a través de las calles de Los Ángeles. Y cuando con verdadero regocijo la estudiante aproximó sus labios a los de él para darle un cálido beso, el pecho del joven pareció experimentar una violenta opresión.