El Rancho Majestad
El Rancho Majestad Nels, el viejo tejano, el último de sus grandes caballistas de aquella bravÃa y antigua vida, estaba sentado en el porche del almacén, fumando. Al ver su blanca cabeza, aquellos ojos de águila, aquel delgado y arrugado rostro, Gene se dio cuenta repentinamente de la respectiva edad de ambos. Nels debÃa estar ya próximo a los setenta años, y todos los estragos de la dura vida del Oeste se reflejaban en aquella mansa máscara de tranquilidad.
—Vienes tarde, Gene. Y llegas paso a paso como si montaras un derrengado caballo —dijo Nels.
—Es verdad, viejo amigo —contestó el ranchero cansadamente mientras se sentaba en el porche; en la mano traÃa un periódico doblado.
—¿Qué te sucede?
—Las cosas van de mal en peor, Nels.
—¿Tienes noticias de Majesty? —preguntó el anciano vaquero con ansiedad.
—Una carta y un telegrama para mÃ. Otros para Magdalena… Madge se halla ya en camino de nuestra casa. ¡Va a quedarse en ella para siempre!
—¿S�… ¡Ah! Entonces, nada puede ir malamente —replicó Nels recostándose en el respaldo de su asiento con expresión de alivio.