El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —Gracias, Charley. Ahora, dime, ¿quién es este compañero tuyo tan grandote y tan guapo? Ese hombre se ha quitado el sombrero para saludarme. Habla de una manera agradable y en voz baja y suave. Y me ha dirigido unas sonrisas completamente diferentes a las que me dirigen los demás hombres. Por otra parte, ha obligado a achantarse al mozo más jaquetón de toda la ciudad… ¿Quién es?
—Muy bien. Voy a hacer las presentaciones —dijo Brown—. Te presento a Panhandle Smith, de Texas.
—¡Ah! —exclamó ella mientras ponÃa ambas manos sobre las solapas de Pan—. Ya habÃa supuesto que tendrÃas un nombre sonoro y bonito… ¿Quieres bailar conmigo?
—SÃ. Pero temo mucho que habré de pisarte con excesiva frecuencia…
Entraron en otro local, charro y lleno de colorines, en el cual una muchedumbre de parejas giraba, oscilaba, pateaba y retozaba. Pan bailó con Louise v, a pesar de los empellones de los mineros, que iban calzados de altas botas, acertó, a hacerlo de un modo que creyó que le honraba. No habÃa sido un vaquero aficionado a los bailes.