El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —Sé que sÃ, madre. Lo que sucede es que ahora no puedo pensar. Soy nuevo aquÃ. Y estoy turbado por mi interés por ti, por Luty, por papá… ¡Dios mÃo! ¡Si estuviera en el Cimarrón… 1o harÃa con facilidad!
—Hijo mÃo, no te preocupes demasiado por Luty, por tu padre o por mà —replicó fa madre con sorprendente calma—. Quiero decir que no permitas que tu interés por nosotros sea un obstáculo, para ti. Gracias a Dios, has regresado a tu hogar, junto a nosotros. Soy una mujer diferente a la que era antes de tu llegada. Estoy asustada, sÃ, por… por lo que he oÃdo decir de ti. ¡Qué fama, qué nombre para un hijo mÃo!
—Eres muy buena, madre —dijo Pan riendo y abrazándola al mismo tiempo—. Tu bondad constituirá una ayuda para todos. ¡Si Luty fuera como tú…!
—Luty tiene un corazón de fuego. Lo que hace es solamente para salvar a su padre, Pan; y si lo consigues, el amor de esa mujer será para ti una bendición tan grande como jamás puedas haberla soñado. Sin embargo, será difÃcil que consigas que cambie de modo de pensar.
—No lo intentaré, madre.
—Entonces, vete a buscarla y cólmala de las mismas esperanzas que a mà me has dado.