El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes Desde la espesura formada por un grupo de árboles, Pan había visto a Luty y la observó con el corazón lleno de amor, de ternura y de piedad. Pero no la conocía. Parecía increíble que pudiera confesarse a sí mismo que la amaba. El amor, el cariño que por ella sintiera infantilmente en los días de su niñez, ¿se habían convertido, como por arte de magia, en el amor a una mujer? ¿Cuáles eran, pues, aquella tormenta que agitaba su interior, aquel temblor exterior del cuerno, reflejo de la agitación interna?
Luty permanecía inmóvil como una estatua, mirando sin ver. Después, caminó de un lado para otro con las ruanos apretadas sobre el pecho. Aquél era un lugar recluido, donde entre dos ramas bajas de unos árboles se había construido un banco junto a la orilla del arroyo. Pan se acercó furtivamente a ella con el fin de poder verle el rostro con más claridad. ¿Era el amor que ella sentía por él la causa de aquella aniquiladora emoción?
Pan se detuvo en un punto cercano a uno de los finales de su caminata y se agachó. No pensó que estaba penetrando como un intruso en la intimidad de la mujer. Ella era una desconocida a quien él quería porque era Luty Blake, que de niña se había trocado en mujer. Pan hizo un esfuerzo por buscarse a sí mismo, de modo que cuando volvió a hallarse ante ella no supo qué hacer ni qué decir.
