El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes No tardó mucho tiempo Pan en comprender que un sutil cambio se habÃa operado en sus padres. Aquel cambio no era debido a la excitación producida por su presencia ni al asombro que le produjo encontrar a Luty, sino que representaba un cambio de estado de ánimo, que parecÃa como un consuelo, como la sensación que se experimenta al cesar de hacer un esfuerzo. Pan apreció en todo ello el nacimiento de una esperanza que se ponÃa en él y de la que aún no tenÃan conciencia los que la concebÃan.
—Hijo, ¿qué ha sucedido con Luty? —preguntó su padre.
—Nada que valga la pena de hablar —contestó Pan fingiendo indiferencia—. Me parece que está un poco sobresaltada porque he querido que se casara conmigo esta misma tarde.
—¡Dios mÃo! —exclamó su madre—. Eres un verdadero vaquero. ¡Querer que Luty se case contigo, cuando está prometida con otro hombre!
—Ese compromiso, querida madre, está roto. No me lo recuerdes. Quiero tener una expresión de alegrÃa, para que todos estéis contentos de que haya vuelto a mi hogar.
—¡Contentos! —dijo su madre riendo—. Mis plegarias han sido atendidas… Vamos a comer… ¿Recuerdas, Pan, cuando acostumbrabas decir: «Venid y atracaros antes de que lo tire por la ventana»?