El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes La salida de Pan de «La Mina de Oro» fue notable por la amplitud del espacio que sus ocupantes le concedieron.
Cuando se halló en el exterior, Pan rió un poco y se detuvo entre el resplandor amarillento de un farol para encender un cigarrillo. En las esquinas de la calle habÃa diversos grupos de hombres. Pero el terreno situado ante la taberna estaba significativamente vacÃo.
—¡Si mi padre hubiera estado ahà dentro hace unos minutos…!, —monologó Pan—. Lo que ha sucedido podrÃa haberle animado un poco.
Comenzó a caminar por la calle y, al hacerlo, oyó detrás de sà el tintinear de unas espuelas. ¡Blinky y Gus le cubrÃan la retirada! Cuando hubieron llegado más allá del cÃrculo de luz amarilla, ambos se unieron a él, uno a cada lado.
—Bueno, Pan, estaba completamente seguro de que todo habrÃa de desenvolverse del mismo modo que ha sucedido —dijo Blinky, agarrándose al brazo de Pan.
—Oye, Pan, no te has mordido la lengua. Los has hecho tragarse un montón de cosas que no habrÃan querido oÃr —añadió Gus con acento severo—. Cuando las cosas tomaron un carácter violento, todo sucedió como si esos dos hombres no hubieran estado presentes.
