El Valle de los caballos salvajes

El Valle de los caballos salvajes

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XI

Antes de que anocheciese aquel día, Pan había realizado la mayor parte de los preparativos; de manera que a la mañana siguiente no quedaría por hacer más que comer, cargar los caballos, ensillarlos y ponerse en marcha.

A la hora de la cena, Charley Brown y Mac New, alias Hurd, llegaron al campamento. Este último estaba un poquito mareado por efecto del abuso de la: botella. Charley se hallaba sobrio, sombrío; severo.

—¡Hola, muchachos! Servíos la cena. Luego hablaremos —dijo Pan.

El resultado de aquella visita fue que ambos hombres quedaron contratados para formar parte del equipo que habría de dedicarse a la caza de caballos salvajes. Unos desconocidos se habían apoderado de los terrenos mineros de Brown, que no podían ser recobrados sino por efecto de una pelea. Brown disponía de dos caballos y de un equipo completo; Mac Ñew solamente era propietario de las ropas que llevaba puestas.

—Me han despedido sin pagarme lo que me debían —dijo hoscamente.

—¿Quién te ha despedido, Mac? —preguntó Pan.

—Hardman, ¡el tal y cual y esto y lo otro! —replicó Mae New.

—¡Es extraño! ¿Es, Hardman el propietario de la cárcel?


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