El Valle de los caballos salvajes

El Valle de los caballos salvajes

—Blinky, debe de haber muchísimos caballos allí.

—Sí. Unos tres mil en esta época del año. Después habrá muchos más, cuando los hombres que cazan en las regiones altas obliguen a huir a los que allí están. Y el equipo de Hardman ha estado cazándolos por espacio de dos meses.

¿Están marcados muchos caballos?

—Muy pocos —contestó Blinky—. No habrá más de cinco o seis por cada mil. Los mejicanos los llaman arenajos. Hasta hace poco tiempo no valía la pena cazar esta clase de caballos. La mayoría de ellos son de los que llamamos escobones, a causa de la forma de sus colas. Pero entre ellos suele verse algún grupa de caballos mesteños, de ésos tan airosos y tan rápidos.

—Comprendo perfectamente —declaró Pan—. Tus palabras son como una música para mí. Resultaría muy duro el tener que vender caballos de esa clase.

—Me parece, compañero, que no intentaremos venderlos —replicó Blinky—. ¿No tendrán utilidad para nosotros, cuando estemos allá, en Arizona, unos cuantos caballos de ese tipo?

—Yo diría que si —contestó Pan.


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