El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —¡OÃd, chacales orejudos! —estalló—. Os he dicho que todo depende de la disposición del terreno. Me refiero al éxito de nuestra empresa, a la cantidad de caballos que podamos cazar. Si detrás de este saliente encontramos un campo abierto y despejado, muy grande…, bien; tanto mejor para nosotros. Hemos de inspeccionarlo y calcular la cantidad de caballos que podremos encerrar en el valle. Hemos de averiguar dónde pastan y beben los caballos. Si decidimos utilizar este lugar como «encerradero», deberemos cerrar las salidas que hay al otro lado del repecho. Será preciso que construyamos una cerca de árboles que llegue hasta tanta distancia como nos sea posible arrastrarlos. Cuanto más larga sea, tanto mejor. Habrá de ser una cerca suficientemente fuerte y alta para que los caballos no puedan derribarla o saltarla. Y eso significa trabajo, amigos, ¡trabajo! Cuando hayamos cerrado el valle, iremos en busca de los caballos y los obligaremos a meterse en la trampa.
En realidad, no podÃa dudarse de lo que las indicaciones de Pan suponÃan.
Blinky, que era el único que no habÃa expresado su aprobación del proyecto, dirigió a Pan una mirada de admiración.
—Me parece que tengo barro en la cabeza, en lugar de sesos —dijo disgustado—. Es tan sencillo como freÃr un huevo, y jamás habÃa pensado que pudieran cazarse caballos salvajes de ese modo.