El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —Puedo decir que soy uno de vosotros, ¿verdad? —preguntó Mac New.
—¡Claro que sÃ! No habrÃa sido posible desear un trabajador mejor que, tú. Y si las cosas resultan del modo que espero, me propongo doblar tu cantidad de dinero.
—Bien, no es ésa la razón por la cual he venido —añadió el otro apresuradamente—. Por otra parte, tampoco lo hago por propia iniciativa. Hardman ha oÃdo hablar de tu proyecto de encerrar los caballos para apoderarte de ellos. Esto sucedió después de haberme despedido sin pagarme lo que me debÃa. Me mandó llamar y me ofreció oro a cambio de que intentara trabajar a tu lado y de que le informase en el caso de que consiguieras atrapar una cantidad grande de caballos.
Al decirlo, el proscrito hizo tintinear las monedas de oro que tenÃa en el bolsillo.
—Acepté el oro y respondà que harÃa lo que me indicaba —continuó lentamente Mac New—. Pero jamás he pensado en hacerte traición. Es cierto que deberÃa habértelo dicho antes. Pero la ocasión no ha llegado hasta esta noche…
—Gracias, Mac —replicó Pan al mismo tiempo que tendÃa su mano al proscrito—. No he tenido temor a confiar en ti… Por lo visto, Hardman se propone hacer una jugada de altura, ¿eh?
—Supongo que sÃ.