El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes La primera impresión que, recibió Pan de Luty fue al verla arrastrándose por el suelo para aproximarse a él. ¡Qué diferente era en realidad del recuerdo que él conservaba de un rebujo moviente envuelto en una toalla! Era muy robusta y guapa. Estaba ataviada con un vestidito blanco. TenÃa los pies y las piernas gordezuelos. Sus manos tenÃan un rosado color y su rostro era como una rosa silvestre punteada por las dos violetas que eran los ojos; y su cabello era como oro hilado. Aun cuando todas estas cosas fuesen maravillosas, todas quedaban oscurecidas por su deliciosa sonrisa. La timidez de Pan se borró, y se sentó en el suelo para jugar con la chiquilla. Sacó del bolsillo pequeñas astillitas, guijarros y piedrecitas, con todo lo cual jugó a hacer rodeos. Luty se interesó halagadoramente por el juego de Pan, pero le impedÃa jugar con tranquilidad, puesto que le abrazaba y se agarraba de la manera más tenaz y sostenida a sus dedos.