El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes Pan tomó la resolución de partir a la mañana siguiente, tan pronto como los caballos salvajes que habían trabado pudieran ser puestos en condiciones de emprender el viaje. Wiggate esperaba que los caballistas a quienes había mandado llamar llegarían antes del mediodía siguiente. Y suponía que podría llevarse todos los caballos que había comprado en el plazo de una semana. Pan y Blinky no compartían su opinión.
Wiggate y sus hombres fueron invitados a probar una de las cenas de Juan «el Embustero», cena tan buena, que Juan recibió la oferta de un nuevo empleo. Cuando Pan le hubo recomendado que lo aceptase, su cocinero así, lo hizo.
—Puedo recomendar a Juan «el Embustero» como el mejor cocinero y el hombre más veraz qué jamás he conocido —observó Pan.
Blinky se, revolcó por el suelo.
—¡Ja, ja, ja! Esperad hasta que Juan os cuente algunas de sus mentiras.
—¡Juan «el Embustero»! Me estaba preguntando el porqué de un nombre tan raro para un hombre tan honrado —contestó Wiggate—. Sé que es un hombre muy bueno, y supongo que puedo aceptar el riesgo que suponen sus restantes cualidades.