El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —Louise, no me hagas el amor —contestó Pan.
—¿Por qué no? Todos los hombres son iguales.
—No, te equivocas. Olvidas lo que dijiste hace unos momentos. He perdido a mi novia y tengo destrozado el corazón.
La joven le miró de reojo y le ofreció un nuevo vaso. Pan cogió el vaso. No quería excederse.
—De modo que ¿es probable que te cases con el joven Hardman? —preguntó con calma.
La pregunta y el nombre que contenía produjeron en ella una suspensión en su actitud, como si todo ello hubiera originado una conmoción de sus recuerdos.
—Así es.
—Pero, Louise, ¿cómo podrías casarte con Dick Hardman, si ya tiene esposa? —preguntó Pan.
Ella pareció comprender lentamente, de manera gradual, lo que esta afirmación significaba.
—¡Mientes, vaquero y pistolero! —exclamó.
—No, Louise. Él mismo me lo ha dicho.
—¡Él mismo! ¿Cuándo? —murmuró ella en voz baja.
—Hoy. Estaba en la oficina de la —diligencia. Iba a marcharse hoy. Estaba vestido elegantemente, con chaqué y sombrero de copa… ¡Oh, Louise!… Lo sé bien porque… porque… fue… mi novia… quien… se casó… con él.