El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —¡Qué diablos vas a matarlo!, —silbó ella, y saltó rápida para coger algo que se hallaba bajo la almohada. Pan retrocedió creyendo que Louise se proponía atacarle. ¡De qué modo más felino saltó ella! Su brazo, blanco y desnudo, descorrió una cortina roja. Tras esta cortina se ocultaba un hueco de la pared, que era utilizado como guardarropa. La blanca figura de la joven pareció relampaguear. Un duro y ahogado ¡ay!, ¿pudo provenir de ella? Pan no vio que sus labios se hubieran movido. Un objeto pesado cayó al suelo con un ruido metálico.
La puerta de la estancia se abrió. Blinky, con los ojos desorbitados, se hallaba tras ella. Y un instante más tarde, Dick Hardman se tambaleó al salir del armario con ambas manos apretadas contra el pecho. La sangre brotaba de entre ellas con un largo reguero. Pan oyó unos sonidos extraños y llorosos. Hardman terminó de salir a la habitación. Estaba sollozando. Se movió a lo largo de la pared, apoyado en ella, y Pan pudo verlo caer sobre un charco de sangre.
Fue un momento paralizador. Pan se recobró antes que las otras dos personas. La muchacha se tambaleó y cayó con los brazos abiertos contra la pared. En la muñeca izquierda tenía una mancha carmesí. Pan no quiso mirar más. Arrancó de la cama una manta, la arrojó sobre Louise, la envolvió en ella y la cogió en brazos.