El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes —¡Vete delante, Blinky! —murmuró en tanto que salÃa al vestÃbulo—. ¡Aprisa! ¡Apaga las luces! ¡Vete por el salón de baile!
El vaquero pareció entregarse a la acción del mismo modo que si hubiera sido impulsado por un resorte. Saltó sobre el cuerpo de Hardman, laxo y encogido, y descendió con un arma en cada mano.
Pan dio un rodeo para no saltar sobre el cuerpo que yacÃa en el suelo. Vio un rostro horroroso, unos ojos salientes y desorbitados… Y en aquel instante, con la rapidez de un relámpago, le llegó el pensamiento de que Luty era libre. Casi inmediatamente, el trueno de unos disparos inundó la casa. ¡Pum! ¡Pum! ¡Pum! Las luces se apagaron, la oscuridad se adueñó de las habitaciones. Gritos, arrastrar de sillas, mesas volcadas, vasos rotos, sonido de pisadas…, todo ello se mezcló en un solo estruendo.
Pan cruzó con rapidez el salón de baile, donde a través de las ventanas penetraba una ligera claridad opaca, descubrió la puerta y llegó a la entrada lateral del establecimiento. Blinky le estaba esperando, con las humeantes armas en las manos.
—¡Eh!… Por… ahÃ… —dijo ahogadamente mientras enfundaba los revólveres y se ponÃa en marcha ante Pan. Éste le siguió entre las sombras que proyectaban las casas.