El Valle de los caballos salvajes
El Valle de los caballos salvajes En otra ocasión, Panhandle mostró una creciente tendencia a manifestar su propia capacidad para bastarse a sí mismo y se escapó de su hogar. Debido a la corta longitud de sus piernas y a lo limitado de su aliento, no pudo llegar muy lejos. Su voluntad y la firmeza de sus propósitos eran terribles. ¿Atraía al chiquillo la llamada del oscuro desierto? Sus padres le habían visto con mucha frecuencia mirando atentamente la purpúrea lejanía. Pero Panhandle, cuando realizó la fuga, cayó dormido en el fondo de un pozo de riego que se hallaba cubierto de verdor. Lo echaron de menos al cabo de poco tiempo, y el padre y la madre y todos los obreros de la granja corrieron de un lado para otro buscándole afanosamente. Sin embargo, nadie lo encontró. En el apresuramiento de la búsqueda, alguno de los obreros abandonó el trabajo que estaba realizando en las presas de riego, y el agua, al correr, despertó al muchacho rudamente y le apartó de sus sueños. Mojado y sucio, gritando cuanto sus pulmones le permitían, Panhandle se arrastró hasta su casa, con gran consuelo para su afligida madre.
—¡Maldito! —exclamó Bill ante varios de sus vecinos—. Este chiquillo va a ser exactamente lo mismo que yo jamás he podido estar un momento en casa.
