Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Pero… Oiga usted… Aquà no hay gatillo —expuso en el colmo del asombro.
—No, señor… No lo uso nunca.
—¡Mil rayos…! Hombre…, pero ¿cómo dispara usted entonces la pistola?
—Mire usted, y comprenderá —repuso Jim recobrando el arma—. Con el pulgar hago funcionar el martillo… AsÃ…
—¡Por Júpiter…! ¡ExplÃqueme usted…!
—El montar la pistola, levantando el gatillo, exige doble tiempo que el hacer simplemente funcionar el disparador. Por ejemplo: entre dos hombres de igual punterÃa, el que maneje un arma como ésta, mata a su contrario.
—¡Ah…! SÃ, si… Ya veo… Muy interesante… Esta comarca del Oeste es verdaderamente apabullante… y, ¿son muchos los que emplean esa simplificación del procedimiento?
—Muy pocos…, tan pocos que agradeceré a usted me guarde el secreto.
—¡Oh…!, sÃ…, ¡por Júpiter…!, ¡ja…!, ¡ja…!
—¡Ja…!, ya me hago cargo… Wall, es muy satisfactorio el tenerle a usted en casa.