Guarida de ladrones
Guarida de ladrones Este desfiladero parecía inclinarse al Norte, sin que Jim pudiera precisar cuánto. Al entrar en él, tenían el sol de frente, después alumbró algunas veces por la derecha y ahora le llevaban de espaldas. Las breves manchas de sombra eran un consuelo, pues los caballos empezaban a cubrirse de una capa de polvo pegada al sudor. Jim miró hacia atrás; Lincoln, con la cara enrojecida y húmeda, marchaba tras el último caballo de carga, y formaban la retaguardia. Jeff, Mac, Happy, y el último, Smoky: un pelotón de sombrías figuras, cuya sola apostura daba a entender su resentimiento por la innecesaria fuga.