Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Ya he visto cómo la cogió a usted antes —dijo Jim en tono contenido.
—SÃ… Aprovecha todas las ocasiones… Y yo me muero de asco. Empiezo a temer que eso del rescate no es más que un engaño… Si me ha robado a mÃ, seguramente habrá hecho lo mismo con Bernie…, y son necesarias muchas semanas para que llegue el dinero hasta aquà por la diligencia. Mientras tanto…
—Ya le he dicho a usted que no se desanime —interrumpió Jim: mirando hacia la hoguera—. Pero no quiero engañarla: Hank Hays es capaz de todo. Sus hombres le son muy adictos… menos yo, que si estoy con ellos, en realidad no pertenezco a la banda. PodrÃa matarle a cualquier hora, pero me verÃa obligado a luchar con los demás, y hay pocas probabilidades de que pudiera salvarla. Es preciso que me ayude a ganar tiempo hasta que se presente una oportunidad.
—Tengo plena confianza en usted y haré cuanto me diga… ¡Muchas gracias!
—¿DecÃa usted que Hays la habÃa robado? —preguntó Jim dando otra mirada al campamento. Hays seguÃa de pie junto a la hoguera.
—SÃ; tenÃa yo unas cuatro mil libras en moneda americana. Estaban guardadas en mi maleta, que rompieron y registraron… También mis joyas… Otra cosa que me disgustó…, me obligaron a traer ropas y más objetos de tocador…