Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Seguramente… En cuanto le echo la vista encima a uno…, pero conste que no pregunto nada…
—Siga usted.
—Bueno, pues lo necesito a usted en mi cuadrilla —resumió Hays—. Brad no partirá peras con usted, lo he visto a la primera ojeada: es un hombre suspicaz, cazurro y envidioso, como lo son muchos. Pero no será él quien impida el que entre usted en una cuadrilla. A quien tengo sentado en la boca del estómago, es a Heeseman.
—¿Heeseman…? ¿Quién es?
—¿Cerrará usted el pico sobre lo que le voy a confiar, en caso de que no nos arreglemos? —preguntó con gravedad Hays.
—Puede usted contar con mi discreción.
—Bueno, pues, Heeseman es el principal cuatrero del Cañón del Dragón. Los rancheros no lo saben, pero yo sÃ. Cuenta con una banda reducida, pero muy peligrosa. No sé cómo ha llegado a sus oÃdos el proyecto del inglés, y el diablo me lleve si a estas horas no está camino de las montañas de Henry, para ofrecerse con su gente.
—Probablemente habrá visto las mismas ventajas que usted —observó con calma Jim.