Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Bueno, a eso iba —asintió Hays—. Yo he sido el primero y me corresponde ser el jefe. Pero tarde o temprano se formarán dos bandos, y cuanto antes lleguemos a las manos, mejor.
—Comprendo: se luchará por el botÃn.
—Wall…, yo no soy cuatrero —replicó Hank, resentido.
—Dispense, y si no lo toma a mal, ¿quiere usted decirme con exactitud lo que es?
—¿Ha oÃdo usted hablar de Henry Plummer? —Que yo me acuerde, nunca.
—Plummer floreció hace unos quince años o más, primero en Montana y después en Idaho. Era el ladrón más famoso que ha existido en el Oeste. HabÃa nacido en el Este, y era hombre educado y de buena familia. Pero la fiebre del oro se apoderó de él, y no era hombre para acabar en las minas. Operaba en todas partes; al mismo tiempo era representante de la Ley y jefe de la más importante banda de ladrones que se ha conocido en la frontera, y que durante varios años fue el terror de mineros, campesinos y diligencias… Bueno, pues yo vi ahorcar a Plummer. Era yo uno de los más jóvenes de su banda.
—Gracias por la confidencia —dijo Jim, sorprendido—. Mucha confianza debo inspirar a usted para que me la haya hecho.