Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Seguramente… Además, no podÃa tolerar que me calificaran de cuatrero.
—Ya comprendo…, es demasiado bajo… Pero, veamos: ¿Qué planes tiene usted respecto a Herrick?
—No se reducirán seguramente a robar un par de becerros. Mas no se trata ahora de eso. Lo que importa es saber si quiere usted formar parte de mi cuadrilla.
—Eso depende…
—¿Tiene usted escrúpulos? Recuerde que yo he jugado limpio.
—No tengo derecho a tenerlos… Soy un escapado de presidio.
—¿Cuál fue su delito?
—Matar a un hombre…, y querÃan ahorcarme.
—¡Canastos…! ¿Era justo el castigo?
—A mi entender, no…, y tuve que herir al carcelero para fugarme.
—¿Cuándo sucedió todo eso?
—Hace unos cuantos años.
—Y, ¿desde entonces…?
—Ando errante buscándome la vida como puedo… Me es imposible estar mucho tiempo en el mismo sitio…, y asà me he internado en el Oeste, donde nadie me conoce.