Guarida de ladrones
Guarida de ladrones El rostro de Hank Hays se puso lÃvido y la mirada que fulminó sobre sus dos subordinados reflejaba los siniestros fulgores de un alma desesperada.
—¡Ah…! Puede que hagáis bien en conservar la boca cerrada —dijo, alejándose sin tardanza.
Brad fue el primero que preguntó con viva curiosidad:
—¿Qué ocurre?
—Métete la lengua en el bolsillo —contestó Smoky en tono provocativo.
—Compañeros —prosiguió Lincoln volviéndose a los otros—. Hace tiempo vengo oliendo algo Podrido en este asunto…: ¿,me autorizáis para que en nombre de todos pida explicaciones a Smoky y a Jim?
—¡SÃ…! ¡SÃ…! —contestaron a coro Bridges, Mac y Happy.
—Ya lo habéis oÃdo… Tú, Smoky, siempre has sido franco y leal con tus camaradas… di lo que debamos saber.
—Me encuentro, en un endiablado lÃo… Lo que pides es justo y, muerto Latimer, Jim y yo no tenernos por qué callar… Pero estamos en este maldito agujero, y quisiera impedir el que peleáramos unos con otros.