Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Pues en esta ocasión has visto mal, Jack. No soy un perdonavidas que recorro el mundo buscando pelea, pero no puedo soportar que nadie abuse de mà y se aproveche de la situación.
—SÃ…, convengo en que Hays nos ha hecho una mala jugada.
Jim almorzó antes que los demás. Aún faltaba media hora para la salida del sol. Era la parte más hermosa del dÃa. Todo estaba fresco, embalsamado y los pájaros cantaban a plena garganta. A Jim le parecÃa que la plácida hermosura de la Naturaleza y los alegres gorjeos de los pájaros, eran una burla a la tragedia que se cernÃa sobre la siniestra guarida de ladrones, en donde una inocente prisionera vivÃa en constante peligro. Jim subió a cumplir sus funciones de vigÃa antes de que Hays y sus acusadores se reunieran junto a la hoguera del campamento.
Con el rifle en la mano, encaminóse el centinela a su elevado punto de observación, y hasta que estuvo fuera del valle no se dio cuenta de que empuñaba el arma larga. El hecho le sorprendió; en el campamento sobraba carne y no pensaba en cazar. HabÃa sido un acto instintivo…, quizá justificado por los acontecimientos que pudiera traer el dÃa.