Guarida de ladrones
Guarida de ladrones El sombrajo que erigió había sido más de una vez derribado por el viento. Esta mañana también estaba caído, excepto uno de los maderos. El joven recogió la hojarasca del techo, formando mullida cama para descansar y en ella se sentó dispuesto a dar comienzo a sus observaciones.
Le parecía que nunca había visto una salida de sol. La presente no era comparable con cuantas recordaba. La exageración con que la Naturaleza prodigaba color, hermosura, transparencia y espacio, era casi excesiva para poderla abarcar la vista natural del hombre.
Pero esta superlativa grandeza desvanecióse pronto, dejando tras de sí algo que Jim podía aceptar como real.