Guarida de ladrones
Guarida de ladrones ¡Caballos…! ¡Una fila de oscuros caballos! Los fatigados ojos de Jim se enturbiaron y bajando el aparato auxiliar con mano trémula, murmuró:
—Algo como jinetes… ¡Dios venga en mi ayuda!
Por tercera vez enfocó los prismáticos… Jinetes y caballos de carga… La esperada persecución, que el tiempo habÃa hecho olvidar, se convertÃa de pronto en realidad… ParecÃa la banda de Heeseman, que se acercaba lentamente por un camino mucho más al Sur del que siguió Hays.
—Están a tres millas —murmuró Jim—. Van al paso… deben de haberse perdido…, pero no se hallan lejos, del camino que nos trajo aquÃ…; si lo encuentran avanzarán con rapidez… Aún no ha llovido bastante para borrar del todo nuestras huellas. No tenemos tiempo ni aun para recoger y marcharnos… ¡Rayos y truenos…! ¡Estamos copados…! ¡Prepárate, Hank Hays!
Jim echó la última ojeada… No era posible la duda.