Guarida de ladrones
Guarida de ladrones En la parte de afuera estaba Smoky sentado sobre una peña; no lejos de él los otros dos se mantenÃan en pie. Todos parecÃan profundamente agitados.
—Ya lo ves, Jim —expuso Smoky con sonrisa agridulce—, tenemos nuevo jefe.
—¿Quién ha atado a Hays?
—Me parece que he sido yo…, con un poco de ayuda.
—¿Por qué?
—Maldito si lo sé… Pero la señorita me lo mandó.
—¿La señorita Herrick le ha obligado a atar a Hank? —preguntó Jim procurando disimular la alegrÃa.
—La misma en persona. Apoyando la pistola de Hank sobre mi estómago, dijo resuelta: «¿Quiere usted atar ese villano, y jurarme por su honor no soltarle ni dejar que se suelte, o quiere usted que le abra un boquete?».
—Pero ¿cómo pudo coger esa pistola?