Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —Con una ligereza de ardilla…, he ahà cómo. Al amartillarla, salió el tiro que le pasó a Hank entre las piernas; en sus calzones puedes ver el agujero. ¿Que si se asustó? En mi vida he visto hombre tan asustado como el jefe en aquel instante…, y ella, más fresca que un pepino, volvió a montar el arma y nos apuntó a todos; estábamos sentados a la mesa y nos mandó poner de pie y que levantáramos las manos. Entonces me dijo las palabras que antes dije, y lléveme el diablo si no se me puso carne de gallina. Prometà por mi honor de ladrón lo que quiso… Cuando Hays se vio cogido, se puso como loco y tales blasfemias por la boca, que ella nos mandó ponerle una mordaza.
—Me has dejado de una pieza.