Guarida de ladrones
Guarida de ladrones Al acercarse a la cueva el jefe de los ladrones, le gritó Jim:
—¿Dónde está Smoky?, —y sus ojos de lince no se apartaban de la mano derecha de Hays.
—En el otro mundo —gruñó el ladrón fijando en el joven la siniestra mirada de sus claros ojos—. Ha muerto después de matar a no sé cuántos. Pero la banda de Morley habÃa reforzado la de Heeseman, y cuando ese fullero de Stud quiso enfrentarse con él, mutuamente se mataron.
—¿Quiénes han escapado…? He visto huir a cuatro.
—Morley y Montana, Los otros no los conozco… Huyeron tirando las armas. Iban por los caballos, que estaban atados más abajo.
—¿Adónde habrán ido?
—En busca de más hombres… Morley es tan tozudo como Heeseman… Una vez que ha visto nuestra guarida… no parará hasta conquistarla, suprimiendo lo que de nosotros quede.
—¿Y Heeseman?
—Ése no ha huido… ¡Ja…!, ¡ja…! Ahora mismo le está el sol tostando las tripas.
El jefe dio unos pasos hacia la cueva, mirando a su alrededor… Jim, quedóse quieto en el sitio que habÃa escogido, es decir, entre el ladrón y el escondite de Elena.