Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —¿También Jack y Mac? —preguntó sorprendido Hays.
—¿Cómo puede ser esto…? No creo que ninguno de los enemigos haya llegado hasta aquÃ.
—Mac estiró demasiado el pescuezo fuera de la cueva, y Happy fue alcanzado por una bala que rebotó de aquella peña… Mira esas marcas blancas: cada una de ellas fue hecha por una bala… Ese condenado peñasco nos ha enviado de rechazo más de dos docenas.
—Aunque no le hubiera visto, sólo por esa maniobra le conocerÃa —dijo Hays hablando consigo mismo, y suspirando añadió—: ¡Los antiguos tiempos del Barranco del Dragón Negro!
—No hemos quedado más que los dos, Hays —recalcó Jim con insinuante acento.
El ladrón habÃa olvidado por completo el anterior desafÃo, y ahora que no existÃa Smoky, pensaba que nada tenÃa que temer.
—La tempestad se corre hacia allà —dijo escuchando el retumbar de los truenos, que repercutÃa entre los barrancos, como el derrumbamiento de formidables rocas—. Me parece que podemos pasar aquà otra noche más.
—¿Quieres enterrar los muertos? —preguntó con viveza Jim.
—Arrastremos los cuerpos hasta el torrente, y los dejaremos en la orilla.