Guarida de ladrones
Guarida de ladrones —El dÃa será húmedo —prosiguió él—, pero por ahora no llueve, y a menos que se caiga usted a una balsa, es de esperar que no se mojará. Sosténgase mientras pueda, y en último caso yo la llevaré, pero es absolutamente necesario que salgamos pronto de estos peñascales.
Mientras hablaba habÃa atado tras de su silla el ligero equipaje de Elena, cubrió los caballos de carga con unos trozos de hule que pertenecieron a Smoky y emprendieron la marcha.