Guarida de ladrones
Guarida de ladrones A la marina siguiente, en tanto que las mujeres trabajaban en la casa y Tasker recorrÃa las plantaciones, acercóse Jim a Elena, que estaba bajo la parra del pórtico balanceándose en una mecedora de construcción rústica.
PodÃa considerarse como un milagro lo mucho que habÃa mejorado en tan corto plazo. Sus hermosos cabellos brillaban como luminosa corona de oro.
—Tiene usted un aspecto inmejorable esta mañana —dijo él—. Será preciso pensar en alejarse de este agradable lugar de descanso.
—Por mÃ, podemos ponernos en camino en seguida —apresuróse a contestar ella.
—No hay que pedir demasiado. Ya veremos mañana. Entonces si nos acompaña la suerte, en tres dÃas podrá estar usted en su casa… En cuanto a mÃ… —interrumpióse con tan evidente depresión, que ella sintió empañada su vivÃsima alegrÃa por una nube de tristeza.
—¿No volverá usted a… su antigua vida? —preguntó ella palpitante de interés.