Guarida de ladrones
Guarida de ladrones El mormón era comunicativo, y completó la historia del Valle Azul con otras narraciones relativas a la región. El Pantano Grande era una hendidura que partía un ele vado risco de rojizas piedras, y el camino, el cauce de una rápida y fangosa corriente. Hacia el fin, el paraje se transformaba en amplio y espléndido cañón.
Un ranchero mormón, a la puerta de cuya vivienda detuvo los caballos Tasker, invitó a los viajeros a pasar la noche en su casa; a la mañana siguiente podrían tomar la ruta de Gran Unión, y aun llegar a ella mediante una larga jornada. Jim aceptó la invitación y el consejo.
Al salir el sol, el buen mormón se despidió de sus huéspedes, deseándoles feliz viaje.
—Muchísimas gracias por todo, señor Tasker —dijo Elena—. Tendré muy presente sus bondadosas atenciones… Pero quisiera recobrar los caballos que Jim ha dejado en su casa, dándole, por supuesto, su importe.
—Yo se los llevaré a usted, si quiere decirme dónde.
—Al Rancho de la Estrella… Al Norte de Gran Unión.
—Ya he oído hablar de él… Bueno; pues uno de estos días nos veremos por allí.
—No debía usted haberle pedido que llevara los caballos, Elena —dijo Jim en tono de reproche—. Ahora se enterará de que he mentido.