Guarida de ladrones

Guarida de ladrones

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Mentir usted…? ¿Por qué?

—Le dije a Tasker que era usted mi esposa.

—¡Ah…! ¿No es más que eso? —replicó ella riendo y con las mejillas cubiertas de rubor—. Ya se explicará satisfactoriamente si es necesario… Pero ¡mire usted…! ¡Qué maravilloso país…! ¡No…! Jamás me marcharé de esta tierra.

Entre sustos, estremecimientos y congojas, Jim llevó a buen término la prolongada jornada, y antes de anochecer llegaron a Gran Unión, sin que le pareciera demasiado pronto al pobre enamorado.

Hizo entrar a Elena en una pequeña hostería, antes de que fuera reconocida; entregó el cansado tronco al mozo de cuadra, y no se atrevía a entrar en el comedor ni en el salón, por temor a tropezar con amigos de Hays. Ya era tarde cuando bajó a cenar, después de haberse afeitado y vestido ropa limpia.

Con sorpresa por su parte, encontró a Elena radiante:

—¿Qué dirá usted que ha hecho Bernie?

—¿Bernie? —repitió Jim.

—Sí, mi hermano… La posadera me lo ha dicho… Jim, tiene usted diez mil dólares a su disposición.

—¡Yo…! ¿Qué está usted diciendo?

—Lo que oye… Bernie los ha ofrecido al que me traiga a casa sana y salva.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker