Guarida de ladrones

Guarida de ladrones

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

El jinete se apoyó sobre su caballo, consciente de que el hombre que había visto dio algunos pasos tras de la maleza, pero ese movimiento pudo ser casual, pues no tardó en salir del escondite, diciendo lacónicamente:

—¡Buenas tardes!

—¡Buenas tardes! —contestó el jinete dándose inmediata cuenta de que era examinado por una mirada no menos penetrante que la suya. En aquel sitio y época, la observación no era producto de ofensiva curiosidad. El joven tenía delante un hombre de prestigiosa figura, cubierto de polvo, con botas y espuelas, y armado hasta los dientes. Las amplias alas del sombrero daban sombra a un rostro enjuto y duro, del que apenas dejaban ver más que las guías de un bigote ceniciento, y el brillo de unos ojos profundos y muy claros.

—¿Se quiere cruzar el río? —preguntó.

—Sí. Allí veo el transbordador —contestó el jinete, y sin perder de vista al desconocido, echó pie a tierra y enderezando su elevada estatura, añadió—: Me daría por contento con estar en la otra orilla, porque mi caballo no puede más.

—Ya lo veo. ¡Buena pieza…! Yo también quiero cruzar y ya hace una hora que estoy esperando… Supongo que ya no tardará en acercarse.

—¿Es aquello da ciudad de Río Verde?

—Justamente… ¿Es usted forastero?


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker