Guarida de ladrones
Guarida de ladrones Jeff Bridges, un hombrón macizo, con cabeza de taro y que le faltarÃa poco para cumplir los cuarenta, probablemente habÃa sido ranchero o campesino. TenÃa maneras bruscas y francas, y al parecer no era muy largo de alcances.
—Me alegro de que Hank te haya tomado —dijo—. Hablando en serio, necesitábamos un verdadero hombre de campo en el equipo.
Sparrowhowk Latimer, el tercero de los cuatro, se parecÃa mucho a un cuatrero que Wall habÃa visto ahorcado: la misma nariz chafada, la misma cabeza pequeña, y los mismos ajillos de acero.
—¿Conque de la comarca del RÃo del Viento? —preguntó este último—. Allà estuve yo hace años. Ahora estará aquello muy poblado… Antes era comarca poco saludable.
—Hay muchos ranchos, muchos caballistas… y sheriffs —contestó Jim con desenvoltura—. Por eso me marchó yo.
—Por aquà no abunda ese género. Utah puede decirse que está en estado salvaje, exceptuando el Este, donde están los valles de los mormones.