Huracán
Huracán Lo que Lucía esperaba con impaciencia, lo que el viento le susurraba, lo que veía escrito en el misterio de la inmensidad del prado de salvia y del peñascal lejano, fuera lo que fuese, tenía que acaecer precisamente, para su gusto, en el mismo Vado de Bostil. No le atraían las cosas de la civilización; se burlaba de la idea de casarse con el rico granjero de Durango. La hermana de Bostil, que, aunque severa, la había educado llena de cariño, nunca lograría convencerla de que contrajese matrimonio contra su voluntad. Le atraían la libertad y la insumisión, como a un caballo salvaje nacido para el desierto; allí era donde quería vivir. Los campos y su vida se confundían en una sola emoción; pero ¿en qué se asemejaban? ¿En qué punto de aquel horizonte descubriría la verdad de su porvenir?
