La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —Ya lo sé —contestó su tÃo—. Eres verdadero hijo de tu padre. Siempre estaba dispuesto a empuñar el revólver. En estos tiempos, en que los guardias rurales obligan a cumplir la ley, tu padre se habrÃa visto obligado a vivir más allá de rÃo. Y mucho temo, sobrino mÃo, que seas su vivo retrato. Contente, domÃnate y evita camorras con esos perdonavidas. Piensa que, de lo contrario, tu fin será desastroso. Tu padre murió en una lucha callejera. Y se dice que, con el corazón ya atravesado por un balazo, aún tuvo arrestos para disparar dos veces más. Pocos hombres hay de tan maravillosa resistencia. Por tus venas corre la bélica sangre de aquel hombre terrible y es preciso que domines tus impulsos.
—Todo lo que me dices está muy bien, tÃo —replicó Duane—. Pero ya ves que sólo huyendo puedo evitar el encuentro con Cal y eso es lo que no quiero hacer. Por mi paciencia en soportar los insultos de Cal Bain y de sus compinches he cobrado fama de cobarde. Dice que tengo miedo de salir a la calle y de mirarle a la cara. Esto no hay quien lo aguante. Además, si no fuese a su encuentro, ese Cal Bain serÃa capaz de pegarme cualquier dÃa un tiro por la espalda.
—¿Qué piensas hacer, pues? —preguntó el tÃo.
—No lo he decidido todavÃa.