La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Aquella noche, Duane no se vio turbado por los fantasmas que le impedÃan conciliar el sueño. Despertó sintiéndose animado y contento, asà como también agradecido a Euchre por haberle entretenido con algo que merecÃa la pena. Sin embargo, mientras se desayunaba, estuvo pensativo de un modo que en él no era habitual, preguntándose si podrÃa confiar en Euchre. Por último, se dio cuenta de que éste le estaba examinando con la mayor atención.
—Bueno —exclamó por fin—. ¿Qué le parece a usted la pequeña?
—¿La pequeña? —repitió Duane como si ignorase de quién querÃan hablarle.
—Me refiero a Jennie. ¿De qué hablaron ustedes al quedarse solos?
—Conversamos un poco. Usted mismo me recomendó que le diera un poco de ánimo.
—Pues no hay duda de que lo consiguió —dijo—. Y lo único que temo es que lo hiciera usted excesivamente.
—¿Por qué?