La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Wellston era una población muy pequeña, aunque tenía importancia en aquella parte casi despoblada del gran Estado, porque era el centro comercial de un territorio que comprendía varios centenares de millas cuadradas. En la parte principal de la población habría, quizá, cincuenta edificios, algunos de ladrillos, otros de maderos ensamblados, pero la mayoría eran de adobes. La tercera parte de estas construcciones estaba destinada a garitos dedicados al juego, a la bebida y al amor fácil.
Dejando el camino, Duane empezó a andar por la calle. Ésta era bastante ancha y a cada uno de sus lados había una fila de postes para atar los caballos. Junto a estos postes veíanse numerosas monturas y vehículos de varias clases. Duane recorrió la calle con la mirada, haciéndose cargo al instante de cuanto en ella había, fijándose especialmente en las personas que iban tranquilamente de un lado a otro. No advirtió ni un solo cowboy. Entonces empezó a moderar el paso, de tal modo que, al llegar a Sol White, primer garito de la población, andaba ya con la mayor lentitud. Varias personas le hablaron, volviéndose a mirarle cuando se alejaban. Se detuvo ante la puerta del White, vio quién había dentro y penetró, por fin, en el establecimiento.