La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Duane cruzó la calle y descendió por ella. A pesar de la afirmación de White, Duane apelaba a la mayor prudencia y lentitud al pasar ante la puerta de un establecimiento. Nada ocurrió, sin embargo, y pudo recorrer toda la manzana sin ver a nadie. El garito de Eyerall estaba en la esquina.
Duane no dudaba de su serenidad y entereza. Extraño furor, extraños impulsos de avanzar le acuciaban. En aquellos momentos deseaba el encuentro más que otra cosa cualquiera en toda su vida. Sin embargo, aun cuando sus sensaciones eran extremadamente intensas, dábase cuenta de ellas como en sueños.
Antes de llegar al establecimiento de Eyerall oyó fuertes voces, dominadas por otra más vigorosa. De pronto, la estrecha puerta se abrió como impulsada por fuerte mano. Un cowboy zambo, con perneras de cuero, salió a la acera. Al ver a Duane dió un respingo y profirió un rugido salvaje.
Duane se detuvo en el acto junto al borde de la acera, a una distancia de unos doce metros de la puerta de Eyerall.