La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Al levantar los ojos vio que le rodeaban algunos individuos.
—¡Vaya tiro! —dijo uno.
Otro, un cowboy que, sin duda, acababa de abandonar la mesa de juego, se inclinó y abrió la camisa de Bain. En la mano llevaba un as de espadas. Puso el naipe sobre el pecho de Bain, cubriendo con él las dos heridas. Exactamente encima del corazón.
Duane dió media vuelta y se alejó de prisa, no sin oír antes que alguien decía:
—Por fin, Cal ha tenido lo que merecía. Ese Buck Duane es un tirador estupendo. ¡De tal padre, tal hijo!