La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre —Ya lo sabÃa. Hace ya mucho tiempo que preveÃa eso. Pero ahora no podemos perder tiempo en lamentar la sangre derramada. Es preciso que te alejes del pueblo y hasta de la comarca.
—¿Y mi madre? —exclamó Duane, poniendo toda su alma en esta pregunta angustiosa.
—No está en casa, y tú no puedes esperarla. Ya le comunicaré yo lo que ella temió siempre.
Duane se sentó y se cubrió el rostro con las manos.
—¡Oh Dios! ¿Qué he hecho, tÃo? —exclamo mientras se estremecÃan sus anchos hombros.