La Fuerza de la sangre

La Fuerza de la sangre

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Comprendiendo Duane que sus miembros estaban entumecidos a causa de la prolongada inacción, empezó a mover las piernas, el brazo sano y el cuerpo, y por fin logro librarse de aquel envaramiento. Luego, tendido sobre la flotante plancha de madera, la empujo hacia el centro de la corriente y avanzó pulgada a pulgada hasta alejarse de los sauces. Al mirar hacia arriba vio las confusas sombras de los hombres que se hallaban en lo alto del risco. Temió que le descubriesen, pero siguió adelantando cautelosamente sin hacer ruido ni apresurarse. A veces, su codo producía un débil chapoteo en el agua, cosa que no podía evitar, pese a sus precauciones, y aquel ruido, leve al principio, fue aumentando en intensidad hasta llenar sus oídos, cual si quisiera burlar tantas precauciones. Ya en el centro del río, la violencia de la corriente parecía impedir su avance. Pero él siguió hacia delante, pulgada a pulgada, esperando a cada momento oír los disparos de los rifles y el choque de las balas en el agua. Quiso no mirar hacia atrás, pero no pudo contenerse. Entonces vio que la hoguera lucía débilmente y que las sombras de sus enemigos eran apenas perceptibles. De pronto la plancha tocó en el fondo de arena y pareció inmovilizarse allí. Ayudándose con los pies y con la mano, la empujó para hacerle atravesar aquel punto traidor. Una vez lo hubo logrado, su camino fue más rápido. Veíase envuelto por la oscuridad y, al mirar de nuevo hacia atrás, observó que las figuras de sus enemigos se confundían rápidamente con las tinieblas que les rodeaban y hasta las mismas hogueras parecían apagarse envueltas por la niebla. En cambio, el cielo era ya más luminoso; evidentemente, la aurora no estaba lejos.


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