La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Poco después cabalgaban los dos fugitivos como antiguos camaradas. Duane nunca fue muy hablador, y en aquella ocasión las palabras parecían obstinarse en no querer salir de su boca; mas, al parecer, aquello no le importaba a su compañero. Era un individuo locuaz y comunicativo que, probablemente, se alegraba de oír el sonido de su propia voz. Duane le escuchaba y a veces pensaba, con dolor, en la fama que, con su nombre y con su sangre, le había dejado su padre.