La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre El ruido de unos pasos, suaves y cercanos, distrajeron la atención de Duane, recordándole el peligro de la señorita Ray y el de que lee descubriesen a él en su habitación, cosa que querÃa evitar a toda costa.
—Es preciso que salga de aquà —murmuró.
—¡Espere! —contesto ella—. ¿No me ha dicho que andan buscándole?
—Con toda seguridad —contestó él.
—Pues, en tal caso, no debe usted marcharse, podrÃan pegarle un tiro antes de que se hubiese alejado. ¡Quédese!
¡Si se acercan a la puerta del cuarto podrá esconderse! Yo apagaré la luz y, si es preciso, saldré a recibirles hasta la puerta. Puede confiar en mÃ. Espere hasta que se apacigüe todo, y, en último caso, podrá quedarse aquà hasta por la mañana. Entonces le será posible salir sin que le vean.
—No deberÃa continuar aquÃ. No quisiera… No quiero… —replico Duane, perplejo a más no poder.
—Es preciso. Éste es el único sitio seguro. Aquà no vendrán.
—¿Y si lo hacen? Es muy probable que Longstreth registre todas las habitaciones y todos los rincones de esta vieja casa, y si me encuentra aquà no podré luchar para evitar que le hagan daño. Además… el hecho de encontrarme en este lugar…