La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre Pero dominando todas aquellas emociones estaba el capitán Mac Nelly. Entonces Duane sintió algo frÃo y mortal en el fondo de su alma, pues comprendió que cualquiera que fuese el curso que tomasen los acontecimientos no tendrÃa más remedio que matar a Longstreth o a Lawson. Tal vez le serÃa posible prender al primero, pero el segundo era hombre que no sabÃa dominarse y que además, no tendrÃa miedo en el momento crÃtico. RugirÃa como una pantera, empuñarÃa el revólver y no habrÃa más remedio que matarlo. En cuanto al destino de este personaje, no era posible tener la menor duda.
De todas aquellas reflexiones salió Duane amargado, triste, y de tal modo endurecido, que no podÃa hallarse en mejor situación de ánimo para emprender una mortal empresa. Estaba a punto de alcanzar sus antiguos, extraños y bellos sueños, que el amor hacÃa más codiciables.
Pero olvidó aquellas ilusiones para ocupar su mente con la imagen del aceitunado rostro de Longstreth, animado por unos ojos agudÃsimos, y del moreno y maligno Lawson, el recuerdo de aquellos dos individuos le hizo desear más que nunca poder enfrentarse con Poggin.
Hacia las tres de la tarde, Duane entró en Fairdale.