La Fuerza de la sangre
La Fuerza de la sangre La mayor parte de las calles estaban desiertas. Él fue directamente al encuentro de Morton y de Zimmer. Los encontró, por fin, inquietos, sombríos y ansiosos; pero ignoraban lo que él había hecho en Ord. Le dijeron que Longstreth estaba en su casa, de modo que cabía la posibilidad de que hubiese llegado a ella sin enterarse de lo ocurrido.
Duane les recomendó estar preparados, con sus hombres, para el caso de que los necesitase, y luego, animado de mortal propósito, se dirigió al rancho de Longstreth.
Se acercó a la casa al amparo de los arbustos y de los árboles, y en cuanto estuvo a poca distancia del soportal oyó voces conocidas, fuertes y coléricas. Longstreth y Lawson disputaban otra vez. ¡La fortuna no le abandonaba! No tenía ningún plan de acción, pero su cerebro podía decidir con la rapidez del rayo. Estaba dispuesto a arriesgarse a cualquier cosa para no verse obligado a matar a Longstreth. Los dos hombres estaban en el soportal. Duane se acercó al límite del matorral y se acurrucó, en espera de una oportunidad favorable.
Longstreth estaba desencajado, flaco. Iba en mangas de camisa. Salió al soportal empuñando un revólver que dejó en una mesa contigua a la pared. Duane notó que no llevaba cinturón.